martes, 24 de marzo de 2026

Historia sin título aún, ni siquiera sé cómo describirla.

Esta pequeña historia no me pertenece, y de antemano  pido disculpas por hacerla tan autorreferencial aunque en fechas cómo esta, viene irremediablemente a mi castigada memoria;  este relato le corresponde en cambio a una de tantas familias que la última dictadura Argentina arruinó de cuajo, desapareció desde el Estado, dejó en la miseria, es un pequeño recuerdo de ese trágico 2001.

Es para ejemplificar también cómo los militares y la policía, actuaron y siguen actuando, de cómo arruinaron (o intentaron) arruinar una generación de obreros, estudiantes, militantes bajo un plan orquestado junto a el empresariado, la iglesia y parte de la política Argentina e internacional.

Era el año 2001 y hacía unos meses estaba saliendo con una piba hermosa, sabía y me había contado la historia de su madre, detenida y desaparecida de forma ilegal por 3 años, militante de la causa en aquellos tiempos que cómo bien retrataba DLSO “sólo unos pocos gritan NUNCA MÁS” sabía y supe con el tiempo sobre los vejámenes a los que había sido expuesta, cosas inimaginables y que no suman a éste relato.

Me llama alterada al teléfono de mi casa diciéndome algo así cómo “nos vamos a tener que dejar de ver por un tiempo, después te explico”.

Insisto año 2001… No había marchas multitudinarias, nadie había bajado ningún cuadro, los juicios que vinieron después eran en ese momento algo inimaginable.

Era temprano ya primavera, una tarde hermosa de sol; me apuré a tomar el 273 que me dejaba en la esquina de su casa del Barrio Meridiano V; antes de entrar a la casa me dijo, “hoy hace 25 años la secuestraron a mi vieja”.

Cuando entramos a la casa, desde la puerta de entrada me recibieron sus 2 perros, y de fondo a contraluz se veía la sombra de la madre llorando, una imagen terrible e incómoda dado que yo pertenecía hacía muy poco a su entorno, me pidió que fuera a su cuarto y así lo hice entre los nervios de presenciar aquello, de no terminar de procesar del todo la situación y no saber bien qué decir, si es que tenía que decir algo.

Le pregunté qué onda, porque teníamos que dejar de vernos, que no entendía bien que estaba pasando.

Esa mañana su madre había salido a hacer un mandado por el barrio, antes de cruzar la última calle que la separaba de su casa, un auto frenó a su lado con varios hombres en su interior, y desde la ventana del acompañante alguien mirandola a los ojos le soltó un “feliz aniversario” y siguieron cómo si nada rumbo desconocido.

Sentí en ese instante un miedo que nunca había sentido, y no era el miedo trivial de siempre, era otro, inexplicable… era terror, era lo poco que había investigado, eran las 2 o 3 películas que había visto, eran las fotocopias del colegio, las pintadas en las paredes, los Ford Falcon verdes, la ESMA “todo eso” y más se vino a mi cuerpo en un segundo.

Intenté (y aún intento) procesar ese momento para esa familia en esa primavera del 2001.

Faltaba todavía la parte de nosotros, dos pendejos apenas de novios hacía pocas semanas y no entendía bien la gravedad del asunto y que tenía yo que ver con todo aquello.

Cada vez que pienso en su madre la recuerdo fumando frente a la pc redactando horas y horas, escritos, testimonios en causas de DDHH, en ese momento entendía pero no comprendí hasta mucho más tarde el valor del trabajo que estaban llevando ella y otros compañeros.

Me explicó llorando que el mensaje ya se lo habían dado, en plena democracia, sabía perfectamente que eran policías de la Bonaerense y que si querían repetir el mensaje alguien de su entorno (cómo su única hija) era un objetivo sensible.

Siempre me quedaba en su casa hasta tarde, esperábamos el bondi en una vereda oscura a metros de donde hoy se festejan carnavales y festivales pero que en 2001 era apenas una esquina medio tanguera y mal iluminada olvidada en la ciudad donde no pasaba absolutamente nadie.

Me dijo que andaba con un cuaderno y una lapicera anotando patentes de autos sospechosos.

¡Qué exageración! Pensé en el momento, cuando empezamos a anotar cada patente que pasaba cada 10 minutos algún auto sin rumbo por aquella calle aún empedrada.

  • Este auto ya pasó hace un rato! le dije

y efectivamente el auto con 4 muchachos en silencio, volvió a pasar…

Ahí volví a sentí el terror, me cagué en las patas de verdad.

No nos dieron tiempo a corroborar la patente que a paso de hombre se dedicaron los 4 al unísono cómo en una coreografía sin ensayar a mirarnos a los ojos en silencio, fijo, el mensaje estaba dado.

Fueron 2 segundos que duran hasta hoy…

De casualidad a los 2 minutos a lo lejos vimos venir un bondi, le pedí que se vaya a la casa corriendo (desde la parada se veía la puerta de su casa, era casi una cuadra) en medio de todo el cagaso y desde arriba del bondi vi que ya había entrado a la casa y en parte me dejó tranquilo, ahí entendí porque en el año 2001 tenían un Movicom que apenas podían pagar, no era por comodidad si ni siquiera tenían teléfono de línea, era por seguridad…

por emergencia, algo que yo hasta ese entonces desconocía totalmente.

Flashé en colores una noche de semana cualquiera para el 99.99% de la población en aquel momento, las 4 cuadras que separaban de la parada de Cno Gral Belgrano y 528 hasta mi casa, fueron una pelicula de suspenso, terror y todo eso en primera persona, quería ir corriendo sin mirar atrás del miedo que tenía, pero no me animaba, no podía ni siquiera correr, pensaba en que no tenía noticias de ellas…

Mi vieja que siempre tenía un plato de comida en el microondas, llegara a la hora que llegara siempre me esperaba para saludarme (y calculo ver en que estado caía).

Le conté nervioso y cómo pude, toda la secuencia, me pidió que no la vea más que no me metiera en esos temas que yo no tenía nada que ver, hice lo primero que vino a mi cabeza, que fue enojarme, hasta quizás por demás con ella que solamente quería protegerme.

Nunca supe si mi vieja no entendía, o si entendía perfectamente lo que había pasado, lo que sí supe desde ese momento y para siempre fue el terror que sembró la dictadura Argentina, 25 años después aún una madre despolitizada de clase medía, sentía el terror de que su hijo pudiera ligarla de rebote, porque en el fondo evidenciaba que todos nuestros padres sabían lo que pasaba en aquellos años oscuros.

La vida nos pone en vereda muchas veces sin que se lo pidamos, mí única opción fue “rebelarme” ante ese miedo materno, genuino y amoroso pero que entendí que era precisamente lo que buscaban y 25 años después seguía funcionando.

Ella ya no está entre nosotrxs pero su valor y la lucha de toda su vida quedará por siempre en la historia de los DDHH.


NUNCA MÁS!


martes, 6 de abril de 2021


NUNCA LAS PESADILLAS SON DIVERTIDÍSIMAS

Soñado en la madrugada del 20/3/18, terminado de redactar once días después, ciudad de La Plata.

Poniendo un poco en contexto, el finado era uno de esos parientes de tercera línea, en verdad más pariente de nuestros padres que de nosotros.
Siempre lo “traíamos” en charlas, cumpleaños y  años nuevos de mi familia paterna, existían pocos de ese lado y cada baja mucho mas sensible que del lado materno donde la abuela Rosa y el abuelo Vicente se habían despachado con 5 hijes, más toda la parentela que había desparramada por toda la provincia.
Tuve siempre una cierta reticencia sobre este personaje, no sé, quizás será por eso que soñé lo que soñé…
Nuestras casas, lindantes ellas, antaño habían sido el mismo terreno hasta que se empezaron a agrandar las familias y cada una fue tomando posesión y separándose amablemente del resto repartiendo el terreno en un retorcido Tetris familiar, donde no había que hacer demasiado esfuerzo para de todas maneras enterarse de los problemas del pariente (y viceversa).
Mis preferidos siempre fueron las peleas padres/madres vs. hijos/hijas, pienso que al tener problemas similares quería saber por qué discutían los demás y hasta tal vez robarles un argumento, para usar cuando un pleito golpeara la puerta de mi habitación.
Les recuerdo que mi casa y mi habitación eran linderas con las del sujeto en cuestión, un pasillo de un poco más de dos metros de ancho, mitad baldosa mitad canterito, separaba la ventana de mi pieza llena de calcomanías del Pincha y productos varios a la medianera en cuestión; tras la cual en ese momento había un pedazo de terreno sin utilizar más que para juntar herramientas, mugre y para que el viejo espiara por las hendijas de los ladrillos mal pegados, cómo me pajeaba en mi adolescencia por las tardes de soledad.
Quizás por ese recuerdo confeso por el viejo unos años antes de morir deba su imagen tan mórbida y aterradora que les paso a contar.
Mucha gente andaba por la casa, había caras de tristeza, llantos sentidos,  no fue una muerte trágica, mas bien diría algo casi natural o sea nada fuera de lo común; lo raro quizás para mi fué que el velatorio se haga en la casa del finado, me daba un poco de cosa pero como no era mi casa precisamente, ese detalle la verdad no me importaba tanto.
No estaba sólo, me acompañaba un primo postizo que nada tiene que ver con el muerto, no sabe quién es ni quien fue, aunque allí estaba con su sonrisa canchera y su galantería.
Voy al grano: entré a la habitación a ver al muerto, busqué el cajón… y lo encontré, no estaba precisamente de la manera habitual digamos recostado con el exánime mirando al techo y tres viejas rezándole un Rosario, no!
Estaba de costado a media altura, rápidamente busco entender con la mirada la situación lisérgica y surrealista que me proponía aquella habitación oscura y húmeda.
Cerré los ojos y por un segundo pensé que estaba soñando, y claro! Era un sueño, aunque en verdad  me refiero a que si mi yo del sueño soñaba lo que veía, el tipo se movía!
Se volvió de pronto gigante la habitación, enceguecido por aquella imagen lo intenté buscar quieto, muerto, más no! el muerto se balanceaba vaya uno a saber por qué carajos y no sabía que hacer más que dejar de mirarlo, convengamos... algo así no se ve (por suerte) todos los días.
No se balanceaba por efecto de una mala posición del cajón o un brazo mal acomodado que cedió a la gravedad, el chabón buscaba salir de ahí, yo lo vi y se asfixiaba.
Realmente podía salir de su propio cuerpo porque lo envolvía una especie de bolsa amarronada que lo ahogaba, lo contenía esa placenta mortuoria de la que le se le hacía imposible escapar, miré detrás de mío buscando ayuda o explicaciones y estaba sólo, cómo transportado en un segundo a un universo paralelo.
Me recuerdo de repente a mí mismo de niño viendo cómo se preparaba el club Atenas para una pelea de box, tengo esa imagen de soledad de aquel gimnasio gigante en total silencio con apenas una luz allá en lo alto del techo que iluminaba como podía el ring, que esperaba al otro día los flashes y las multitudes, pero esa noche era soledad, era casi agorafóbica, eso sentí en ese cuarto de 3 x 2, sólo mano a mano con la muerte, nada se escuchaba ninguna voz de afuera, sólo el ruido del líquido  que producía el tipo moviendo la cabeza, cómo un feto de 80 años.
Me fui corriendo de la habitación para mostrarles a los demás lo que había visto, pero casi en cámara lenta recorrí los rostros de cada uno por toda la casa, sonrojantes, tranquilos, apaciguados, tomando café cómo si nada pasara, salí de allí a buscar aire y al mirar el cielo, todo seguía igual.

sábado, 25 de abril de 2020

UNA MUERTE MAS POR LA TV

Noticiero de la noche, esos bien morbito, donde los conductores tienen la vara de la ética pegada a la mano con poxi-ran, y que nunca dudan en usarla para aleccionar generalmente a los pobres.
Esos mismos que los ves gozar con algunas noticias, sobre todo si nacen del conurbano, esa parte de la Argentina oculta
al turismo, donde noche tras noche el bien y el mal parecen pelear en una guerra eterna, allí donde terminan los edificios lindos y el asfalto, donde late el miedo cuando el sol se guarda y arranca la jodita que estos personajes esperan
ávidos cual yonky al camello.. en esas madrugadas de invierno. Ese conurbano de intermitente luminaria naranja, de laburantes y colectivos madrugadores, de raviol y fiesta, ahí donde si que se siente estar vivo.
Lo que recuerdo lo grabaron unas cámaras de seguridad, esas que las fichás y sabes que te están espiando, onda gran hermano, esas que filman en byn la vereda/entrada de garaje.
Sin dar vueltas les cuento que las cámaras filman cómo un joven de 25-30 años cae en plena calle víctima de un disparo, se recuesta lentamente sobre el asfalto, suelta su arma y se desvanece poco a poco, el periodista narra esta secuencia y disfruta: “uno menos” osa decir con una felicidad que le brota en su mirada llena de resentimiento y asco.
La escena es transmitida durante ese día una y otra vez en cadena nacional, no hay canal que no le de su segundo de fama a este pibe mientras se desangra una y otra vez en las pantallas del país. Imagino a tanta gente regocijándose con aquella muerte, pensando que ese delincuente es el causante de todos sus problemas y los males de estas tierras en el culo del mundo, y aquel plomo el alivio de que al menos esa noche ese negro no iba a meterse a su casa a robar ni tomar de rehén a su familia.
Veo al pibe caer y pienso… valía tu vida esto?
Te observo recostarte en la calle una y otra vez con ese morbo que nos regala el ojo idiota, te custodia un vigilante cómo si fueses su presa su trofeo, los vecinos hacen guardia para que no te quieras escapar; tenés los ojos abiertos, aún respirás, te moves apenas para un lado y para otro, un camión casi te aplasta una mano, los autos circulan como si nada en estos pagos ya es algo cotidiano, alguno festeja por dentro mientras se dirigen camino a que los exploten, te cuesta respirar, sabes que la herida es de muerte, sabes que te vas y estás solito, nadie piensa en vos en esa luz que se apaga, hermano lo pienso y hasta me dan ganas de llorar…
Que pensas?... pensas en los viejos? En tu chica? En los pibes?,,, todo va quedando atrás, acá si que existe la pena de muerte y la ejerce el puto estado, sobre los que somos noticia cuando nos explota un grano del culo, los negros, los peronchos, los cabeza, los bolitas, los peruanos todos juntos somos para vos una bolsa de mierda que llega hasta tus narices, sueñan muchos con llenar el hormigón con nuestros cuerpos, rebalsar el río con nuestros cadáveres , gordo!
Todavía respirás, mirás triste que no hay ambulancia ni vuelta atrás.
Este atolondrado recuerdo es para vos que moriste tirado en el medio de la calle, sin reprocharte nada, la misma calle donde tus amigos y tu familia llorarán y dejarán una flor y una lágrima cada vez que quieran recordarte, elegiste morir a quedar encerrado muchos años, elegiste morir tiroteándote con la policía, no sos mi héroe ni mi villano favorito, sabías lo que hacías… sabías lo que hacías?
Es alto el precio a pagar para morir así, no puedo dejar de pensar en tu mirada de tristeza y dolor, aún así no les regalaste una puta lágrima, ni un insulto a los que festejaban (y festejan) tu muerte, estés donde estés quiero que sepas
que te recuerdo, siempre.

lunes, 30 de marzo de 2020

Desde el espacio

Escritos en tiempos de Pandemia. 

Un mensaje me llegó
desde el espacio
no entendía que decía 
pensé, que era un rumor

Y se alborotaron miles
por esos días
pero nadie supo hacerme
de traductor

Encerrado te busqué
en tu nave escapabas
una mochila cargabas
de aquel amor.

(Continuará)

miércoles, 25 de marzo de 2020

Julián

La Gloria - Hojas Secas

 

Recomiendo escuchar esa canción durante la lectura para entrar en clima.

 

 

Iban a hacer casi 9 meses desde que se habían separado, pensaba Julián

que mayormente todo eso para aquel entonces era cosa del pasado,

aunque siempre algo un detalle una canción volvía para presentarse

ante su realidad (claramente sin aviso) como esas visitas que se

invitan solas en los momentos menos oportunos...

Le gustaba por aquel entonces salir a caminar en las tardes, sin

rumbo fijo, alguna plaza seguramente sería el lugar ideal para

despejarse de aquel departamento mal iluminado y con poca

ventilación que lo asfixiaba y lo encerraba.

Un mandado qué no recordamos ahora, fue la excusa para bajar a la

calle.

Era otoño, un jueves del mes de mayo, a esa hora cuando rápidamente

se hace de noche; Julián amaba colgar viendo ese color del cielo que

sólo dura unos minutos con alguna estrella brillante de fondo

anunciando el anochecer.

Tenía un sobretodo negro, el pelo corto pero muy despeinado, ni

siquiera se miró al espejo antes de salir, tomó las gafas de sol que

siempre tenía a mano y empezó a caminar por la avenida.

Hacía frío (aunque le gustaba sentirlo) y meter las manos en aquellos

bolsillos abrigados.

Apenas bajó por el ascensor ya había olvidado que había salido para

un mandado, ya no importaba...

Un cardumen de peces metálicos pasó frente a sus ojos, los autos sin

rumbo (pensaba) con las luces ya encendidas, a dónde irán?.

Poco antes de la primera esquina giro su cabeza hacia la izquierda y

quedó su mirada clavada el colectivo que había frenado hacía un

instante a su costado, repasó las caras de un tirón, le parecían

todas iguales, grises, todos pasajeros de un mismo aburrimiento

hasta que la vio...

Carla quedó mirándolo en el momento en que el semáforo le dio luz

verde cruzaron miradas, inexplicables en las que parece detenerse el

tiempo.

Si me preguntan a mí creo que Julián sabía existía la remota

posibilidad de que esa jugada sucediera, como en un sueño de poca

monta pero con mucho detalle.

Inconscientemente sabía el recorrido y los horarios de Carla..

Habían pasado 7 meses desde la última vez que se vieron con alguna

excusa, Julián hizo de cuenta como si nada pasara…

puta suerte la mía! (Pensó)

Aunque en algún punto, en alguna parte de su ser le dio una mala

alegría aquel cruce de miradas.

Vivía a 3 cuadras de parque Rivadavia , y aunque no le gustaba el

barrio, amaba las plazas, todas tenían para él un encanto, esta era

una de sus preferidas.

 Vio que estaba por cambiar el semáforo así

que apuró el paso, casi trotando últimos metros.

Ya en la vereda de la plaza se calzó los auriculares, encendió el

walkman y mientras comenzaba la primera canción miró el bondi

alejarse de a poco, sabiendo que adentro iba también una parte de su

corazón.

Los primeros pasos los hizo mirando las baldosas, las luces de los

autos atravesaban fugaces la avenida; comenzó a cranear triste una vuelta al parque y volver enseguida.

Caminó la primer cuadra con paso apurado, se dio cuenta que no tenía

a dónde ir ni tampoco adónde llegar, sonrío un instante pensando que

su departamento iba a estar tal cual lo dejó aunque se ausentara por

mil años.

Pisó algunas hojas secas, le daba placer el crujido que hacían, sonrió y sintió que era algo infantil esa actitud, más también era algo que le gustaba...

Aunque a decir verdad con los anteojos de sol puestos no veía

demasiado, un farol de la plaza le enseñaba la silueta de un banco,

y hacia allí se dirigió.

Por más que intentara no lograba sacar esa “foto” de su cabeza

prefería recordar esa mirada tan dulce y tan fría a la vez, la

retuvo en su memoria antes de que se disipe en el tiempo.

Tenía el pelo suelto, abrazaba unas carpetas y tenía puestos sus

anteojos, (a Julián le encantaba verla con esas gafas)

Sacó un faso recién armado y lo prendió sin pensarlo demasiado,

comenzó a mirar la actividad del parque, gente que pasaba rápido a

ningún lugar, alguno que había salido a correr, un niño caprichoso

llorando de la mano de su madre, una pareja besándose, una anciana

que volvía de hacer los mandados,bah… lo de siempre.

La primera pitada fue larga, llenó su boca y sus pulmones, contuvo

el humo pensando un segundo en aquella mirada y se quedó ese momento en

aquella nube blanca dulce y espesa que salió de su boca.

Fueron tres, cuatro pitadas, vio por el rabillo del ojo gente que

iba y venía, tenía las piernas cruzadas y la mirada clavada en el

piso.

- me das una pitada?

Julián se exaltó por un instante... miró aquella sombra sin

reconocer, más perseguido qué asombrado.

- te asustaste?

Era Carla… la mujer del colectivo.

Cuando lo vio en ese segundo que duró la mirada Carla supo que Julián,

estaba triste, lo conocía, después de 2 años juntos, leía

perfectamente lo que esos ojos traían encima..

Carla bajó en la parada a dos cuadras del parque, y tomó dirección hacia aquel

banco dónde habían compartido tantas cosas juntos, besos calenturas,

discusiones y promesas.

-qué haces!? Dijo Julián

-  nada te vi y sabía que ibas a estar acá, este es nuestro banco.

- es verdad, vine automáticamente, ni lo pensé creo, qué sorpresa

tanto tiempo...

Julián moría de alegría por dentro, pero intentaba disimular.

- si te vi ahí saliendo de tu casa cálculo y nada me dieron ganas de

charlar, pásame ese cigarro, dale!.

Le dijo Carla con esa sonrisa maldita que todo lo podía.

Una hora duró la charla en la plaza, se fueron al departamento de

Julián pidieron comida y se acostaron.

Era casi un sueño, no podía creer que Carla estuviese de nuevo

desnuda en su cama así de la nada, se durmió alegre abrazándola.

Hasta los sueños fueron lindos esa noche, era la mañana del viernes

y no había horarios ni alarma, apenas abrió los ojos la buscó a su

lado para abrazarla, pero Carla ya no estaba.

Levantó la vista y vio en la mesa una hoja que así decía:

“Gracias por el cigarro y la comida, gracias por la noche qué

pasamos, de verdad lo pasé hermoso, la semana que viene me voy a vivir a España con mi pareja que tengas buena vida Julián!

Te quiero, Carla”

Julián se sentó y la leyó dos o tres veces, no terminaba de caer,

esta despedida era para siempre, justo cuando despertó soñando que

la suerte empezaba a cambiar.

Miró por la ventana, era un día horrible, llovía a cántaros y en un

segundo una lágrima atravesó su cara hasta colarse por la comisura

del labio, sintió que tenía el sabor del

"Hasta Siempre!"


lunes, 24 de febrero de 2020

2 am (otra vez)

2 de la mañana de un feriado
los vecinos de arriba, abren cierran puertas.
Gritan, discuten, usan en el ascensor, lo más triste (para mí) es que será lo más  divertido de mi fin de semana, ojalá no se vayan a dormir... porque me terminaría de aburrir en serio.
No puedo dormir, "no me sale" el acto de apoyar la cabeza y entregarme:
pienso en vos y en "nosotros" de a ratitos, en interlapsos, ya casi a diario y el encierro implica y multiplica las pocas cosas quedan a estas horas: amor desamor melancolía y proyectos inverosímiles.
Un sueño recurrente de a dos que sólo ocurre en mi cabeza dormido despierto y así hasta agotarme.
2 y media de la mañana y el pescado sin vender, los vecinos ya no están... no queda otra que ponerme a fantasear.

domingo, 12 de mayo de 2019

Solía ser un pantano

Volando en un libro ciego
Atravesando ciudades abandonadas
Veo tu sombra moverse en la pared
Sin cuerpo que la arrastre, sólo gris…
Una alfombra de arena cálida y dorada
Solía ser un pantano.

Hay marcas por la casa
En la habitación taciturna.
Te buscaba por toda la ciudad
Pero no recordaba tu nombre
El futuro se agotó,  fue mejor acostarme
(Son tan lindos a veces los sueños)
Y pantalones apilados rodeandome,
Plaza Güemes aún espera!
Pero mi amor… es domingo
Esperemos la noche y seamos